





1 Cubrición de tela de cáñamo teñida
2 Enjulio – Compuesto por dos perfiles de madera de pino, sección 5 × 2 cm
3 Tensor – Compuesto por dos perfiles de madera de pino, sección 5 × 2 cm
4 Viga de arriostramiento – Perfil de madera de pino, sección 10 × 10 cm, longitud 100 cm
5 Viga de unión – Perfil de madera de pino, sección 10 × 10 cm, longitud 100 cm
6 Pilar – Perfil vertical de madera de pino, sección 15 × 5 cm, longitud 500 cm
7 Abrazadera metálica ajustable de acero galvanizado para unión en seco
8 Tarima – Tablero técnico derivado de madera tipo Superpan
9 Entablado de apoyo para tarima – Entramado de perfiles de madera de pino, sección 10 × 10 cm
10 Apoyo elastómero – Lámina de caucho natural de 20 mm de espesor, para desacople estructural




Una jornada mediterránea alrededor de la mesa
El Banquete se concibe como un espacio vivo, versátil y en constante transformación. Desde que amanece hasta que cae la noche, el pabellón propone un recorrido sensorial y colectivo que, como en toda tradición mediterránea, gira siempre en torno a la mesa. Un lugar donde la arquitectura se vuelve escenario, hogar, plaza y fogón.
Durante el tiempo que permanezca en pie, El Banquete será un espacio destinado a múltiples usos, abiertos a la diversidad de voces y formas de estar. Desde las 10T hasta las 13h, el pabellón se convierte en ágora contemporánea, acogiendo charlas y encuentros sobre arquitectura mediterránea, sostenibilidad, identidad y modos de habitar. Profesionales, estudiantes y curiosos se reúnen bajo la estructura permeable, que actúa como extensión del paisaje, invitando al diálogo abierto. Entre los ritmos del pórtico, también habrá espacio para exposiciones temporales, que generarán un sutil diálogo visual con la arquitectura.
A mediodía, el olor a fuego y especias toma el relevo. Entre las 14 y las 16h, el espacio se transforma en comedor al aire libre, escenario de comidas populares y eventos gastronómicos donde productores, cocineros y comensales celebran los sabores del territorio. Aquí se cocina, se sirve y se comparte. Porque en el Mediterráneo, todo empieza y termina en una mesa.
Entre las 17 y las 20h, la atmósfera cambia. El cáñamo se convierte en telón, la mesa en escenario y el pabellón en pasarela y galería. Conciertos íntimos, pases de moda y encuentros performativos habitan el espacio como celebraciones efímeras, llenas de cuerpo, ritmo y movimiento.
La jornada culmina, como no puede ser de otra forma, con una gran cena entre amigos. De 21 a 24h, la mesa vuelve a ser el centro, esta vez con un tono íntimo y festivo. Y como en toda buena sobremesa mediterránea, la noche no acaba ahí. A partir de las 22h, la música toma el relevo con conciertos al aire libre, cerrando el ciclo diario entre melodías, conversación y estrellas.
El Banquete es mucho más que un pabellón: es un día entero de celebración compartida. Una arquitectura al servicio de la vida, donde cada momento tiene su lugar y donde siempre hay sitio para uno más.
Ciclo de los materiales: una propuesta reversible, circular y con arraigo local
Este proyecto se plantea desde una lógica de sostenibilidad radical: construir sin dejar huella. Todos los materiales utilizados en la intervención han sido cuidadosamente seleccionados bajo un mismo principio rector: intervenirlos lo mínimo para poder reutilizarlos en su totalidad una vez finalice el montaje. De esta manera, no solo se evita la generación de residuos, sino que se refuerza el valor de la arquitectura como práctica temporal, reversible y respetuosa con su entorno.
Los tres materiales principales —cáñamo, roca caliza y madera de pino— no solo responden a criterios técnicos y ecológicos, sino que también están profundamente vinculados a sus territorios de origen, fortaleciendo así los vínculos entre el proyecto, el paisaje y la memoria colectiva.
El cáñamo, históricamente utilizado en la fabricación de velas de barco por su gran resistencia y durabilidad, forma parte del patrimonio agrícola de la Vega Baja (Valencia). Su cultivo fue tradicionalmente tratado en Callosa de Segura, donde aún hoy se conservan las técnicas ancestrales gracias a una transmisión generacional que resiste al olvido. Prueba de ello es el museo del cáñamo ubicado en el municipio, que acogerá las telas una vez finalizado el TAC, prolongando su vida útil y cerrando así un ciclo que une tradición, sostenibilidad y arquitectura.
La roca caliza proviene de las canteras de Áridos STARMI, una empresa valenciana que ha colaborado en el proyecto cediendo piedras que, en su proceso habitual, serían trituradas para su uso como árido. En este caso, el material se emplea tal cual, sin transformación ni alteración, lo que permite su reutilización íntegra tras el desmontaje del pabellón.
La madera de pino, por su parte, se recupera de los bosques quemados en los incendios de Sierra Bermeja. Actualmente tratada en los aserraderos de Genalguacil, esta madera adquiere aquí una nueva vida gracias al compromiso de la empresa local que la suministra. Su uso en el proyecto se ha planteado cuidadosamente: las uniones se realizan mediante mordazas metálicas, reduciendo al mínimo indispensable cualquier perforación, lo que facilita su desmontaje y posterior reutilización sin merma estructural.
Así, cada uno de los materiales cuenta una historia de recuperación, de mínimo impacto y de máximo respeto. La propuesta no solo construye un espacio, sino también una actitud: la de la arquitectura como acto consciente y reversible.