





El núcleo del proyecto es puramente técnico y estructural. Frente a tecnologías con una vida útil corta como las baterías de litio, convertimos el gasómetro en un sistema de almacenamiento por bombeo que supera los 20.000 ciclos. Reforzamos el interior del cilindro con fibra de vidrio proyectada para garantizar la estanqueidad y lo llenamos de agua captada de la ría. El sistema es simple: bombea agua hacia arriba usando excedentes de energía (o en horas valle) y la deja caer por gravedad para mover una turbina cuando la demanda industrial vecina es máxima. Genera 25.000 kWh por ciclo, dando soporte directo y a bajo coste al nuevo parque productivo de Avilés.
El entorno no se trata como un jardín decorativo, sino como parte de la maquinaria. Usamos las propias tierras de la excavación para modelar una serie de balsas y canales alrededor del cilindro. Este sistema de fitodepuración, plantado con especies autóctonas, funciona como un filtro previo para el agua de la ría antes de meterla al depósito. Además, el proyecto asume la realidad del lugar: los mapas indican que la parcela será inundable (hasta 1,5 metros en 100 años). En lugar de levantar muros, el diseño del terreno y una red de pasarelas elevadas asumen esa cota de agua, garantizando que el complejo siga funcionando y siendo accesible incluso cuando la ría crezca.






La sección organiza todo el conjunto. El 75% inferior del cilindro es el volumen hídrico. El 25% superior lo ocupamos con plataformas suspendidas que albergan un coworking técnico y una zona de exposición. Para mantener la rotundidad de la fachada original, abrimos solo los huecos estrictamente necesarios para ventilar e iluminar. En lugar de forzar un acceso a la cubierta, metemos al usuario en el espacio interior mediante una pasarela perimetral que permite entender la escala real del depósito de agua. El antiguo pistón del gasómetro se mantiene suspendido en este espacio vacío, integrando la pieza original dentro del nuevo funcionamiento.